La insolación y sus daños a la piel

La piel es sumamente delicada, los cuidados que solemos brindarle comúnmente no tienen mayor significado cuando es víctima de una insolación. A la gran mayoría de las personas les gusta ir a la playa, subir un cerro, practicar natación o algún deporte al aire libre en el cual se exponga el cuerpo a los rayos ultravioletas.

Ahora bien, debemos tener mucho cuidado con cada una de las actividades que nos obliguen a exponer nuestra piel al sol. Es conveniente tomar las medidas necesarias y pertinentes para cada uno de los casos descritos anteriormente. Un buen protector solar puede contribuir a cuidar y proteger la epidermis de algún daño por temperatura.

El daño más representativo y frecuente ocasionado a la piel es el producido por la insolación, la cual es consecuencia de la exposición directa y prolongada del cuerpo a los rayos solares.

Entre la sintomatología característica de la insolación se tienen: el “enrojecimiento de la piel, quemadura de primer grado, con molestia al existir roce, la dilatación de las pupilas, pulso rápido, respiración superficial y entrecortada, fiebre y dolor de cabeza” (1).

Las medidas más importantes a tomar en caso de presentar insolación son: trasladar a la persona afectada de manera inmediata a un lugar fresco, bajo sombra y llamar a un especialista de la salud, también puede retirar la vestimenta para acelerar el descenso de la temperatura.

En el mismo sentido se debe abanicar al afectado y humedecerle la piel con agua tibia. Como no habrá una mejora inmediata con solo implementar estas medidas, se debe administrar un tratamiento adecuado para el caso.

En algunos casos donde suele presentarse fiebres muy altas que generan convulsiones se debe administrar benzodiazepinas para controlar la propia convulsión y los temblores.

Lo mejor es la prevención, debido a que el daño que se le ocasiona a la piel con cada quemadura ocasiona grandes consecuencias que se reflejan a corto o largo plazo. A corto tiempo se va perturbando el material genético de las células de la piel lo que a su vez ocasiona un daño en las células del sistema inmune.

Como consecuencia a largo plazo puede observarse un envejecimiento prematuro de la piel lo cual es ocasionado por el daño a las células que conforman la piel y se encargan de regenerarla. En casos mucho más rigurosos se puede considerar la aparición de un cáncer de piel según la severidad del daño ocasionado a sus propios genes.

(1)Con información de: clinicalascondes.com

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